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Leyendo el presupuesto

Carlos TOBAR 
Desde Neiva, Huila / Destacados de INFOAGRO COLOMBIA

A fines principios de agosto pasado, fue presentado al Congreso el proyecto del Presupuesto General de la Nación. Lo hizo, como es su obligación, el Ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas. 

En dicho proyecto del Presupuesto General de la Nación se consigna cómo serán los gastos del gobierno central en el año 2018, que fueron aforados en $235,6 billones de pesos. Semanas antes, había presentado el Marco Fiscal de Mediano Plazo que, es la hoja de ruta de las finanzas del estado. Este presupuesto es concordante con los lineamientos que, el ministerio de Hacienda, había presentado en el MFMP. 


Ya sabíamos, por ejemplo, que presionado por las agencias calificadoras de riesgo –esos perros guardianes de los intereses del capital financiero–, el recorte del presupuesto nacional en el área de inversión iba a ser sustancial, dado que, es la única forma de ‘cuadrar caja’ y garantizar el pago de la deuda gubernamental; deuda que ha venido creciendo, de manera sustancial, durante los últimos tres años a causa de la disminución abrupta de una de las principales fuentes de ingresos, la explotación petrolera, por la caída a la menos de la mitad del precio de ese recurso natural. 


Es tal el peso de la deuda pública que, de los $235,6 billones del aforo total, $51,9 billones van al servicio de la misma; una proporción que alcanza ya el preocupante 43,8% del Producto Interno Bruto


Para traducirlo en palabras llanas: estamos trabajando para los grandes banqueros del mundo y del país, quienes son los prestamistas de nuestros derrochadores gobernantes. Sobre todo, si lo comparamos con los recursos dedicados a salud y educación, a quienes se les dedican $24,60 billones y $34, 30 billones, respectivamente. 


Los recortes en el presupuesto de inversión frente al año anterior son, entonces, la norma del PGN del año 2018. Así, Agricultura pierde 28,7%, Ambiente y Desarrollo Sostenible 25,4%, Ciencia y Tecnología 41,6%, Comercio, Industria y Turismo 18,9%, Cultura 13,7%, Deporte y Recreación 62,3%, Justicia y Derecho 16,9%, Minas y Energía 40,6%, Transporte 16,7% y, hasta Educación 0,1%. Solamente crecen Defensa y Policía 8,2% y eso que salimos de la guerra, Hacienda 9,4% que incluye los recursos del posconflicto y Presidencia de la República 31,9%. Para traducirlo también, no va a haber plata para nada: que se despidan los alcaldes y gobernadores que pretendían obtener recursos para financiar sus planes de desarrollo de recurso alguno proveniente del presupuesto nacional. 


La situación puede ser peor, si las perspectivas de crecimiento económico siguen cayendo hacia terrenos negativos, como parece lo intuyen las calificadoras de riesgo que, están exigiendo al gobierno nacional mayores provisiones para garantizar sus inversiones en el país. 


No nos extrañemos que, en plena campaña electoral, el presupuesto que se ha presentado para aprobación del congreso, sufra recortes adicionales en el transcurso del año 2018; incluso que el incremento del presupuesto del este año, con la liberación de parte de los recursos ahorrados de regalías, para la ‘mermelada’ de la campaña electoral terminen ‘enmelocotando’ las arcas de los tiburones financieros que, como buenos carroñeros, al oler la presa no la sueltan hasta arrancar el último de los girones del esqueleto presupuestal.


No son buenos los augurios para la descaecida economía nacional. La apretada del cinturón amenazará con atenazar hasta el hambre a los colombianos del común. Neiva, 01 de agosto de 2017

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CARLOS TOBAR / Neiva, Huila (Colombia)

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