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Otra vez el café en el filo
de la navaja

Carlos TOBAR
Desde Neiva, Huila

Todavía tenemos, fresco en la memoria, el recuerdo de la aguda crisis de precios del café del año 2013 que, llevó a la más grande movilización de productores en la historia del país.

Fue la reacción indignada de miles de familias colombianas que veían como el esfuerzo de muchos años de trabajo, de varias generaciones, se esfumaban porque los precios de compra del grano habían caído a la mitad de los costos de producción. Una situación así, se traduciría en la quiebra generalizada del sector con la pérdida de uno de los pocos sectores agrícolas que aún, en medio de muchas penurias, continúa produciendo riqueza en el país. 


Las consecuencias de este desastre, serían gravísimas: pérdida de empleos en el cultivo, el beneficio del grano, la compraventa, el almacenamiento, la trilla, la comercialización y, sobre todo de una actividad económica que dinamiza la economía de centenares de municipios en todo el territorio nacional.


Las razones de la crisis continúan vigentes. No son solamente los costos país que, hacen inviable la producción en Colombia: crédito costoso e impagable; servicios públicos costosos, precio de los combustibles de los mayores de América, así seamos productores; costos de transporte disparados por el precio de los combustibles y de los peajes (las vías 4G son negocios gravosos); precios no competitivos de los insumos de producción interna (nacionales e importados); una red vial interna de mala calidad o inexistente, especialmente las vías terciarias o municipales; altos impuestos para las pequeñas y medianas empresas; trámites legales interminables y persecutorios; etc. 


Sino que, además, el mercado internacional del grano está distorsionado por la manipulación en las bolsas de valores del mundo del precio de venta internacional, que, cosa curiosa, mantiene un precio promedio de 1,40 dólares por libra desde 1990; una situación que favorece, exclusivamente, a los especuladores de bolsa y las grandes multinacionales que controlan el 80% o más del comercio mundial del grano.

Ahora, se suma, para agudizar la crisis, una cosecha extraordinaria en Brasil, el principal productor mundial del grano, que, puede bordear los 60 millones de sacos (Colombia con gran dificultad está por los 14 millones), sobreoferta que ha llevado el precio internacional a un promedio de 1,20 dólares la libra. 


Si a ese precio internacional le agregamos la tendencia a la baja de la tasa de cambio del peso frente al dólar, podemos entender los precios internos de compra a la baja que ya están por debajo de los $700.000 por carga. Esa tendencia del precio internacional a la baja, es alimentada por especuladores de bolsa que, manipulando papeles (títulos valores que representan libras de café) de su propiedad, los ofertan en las bolsas para envilecer aún más el precio, casi siempre en medio de la cosecha. Este mecanismo de fijación de precios (las bolsas de valores) impuesto en la oleada de medidas neoliberales del libre comercio, es precisamente uno de los reclamos de los países productores sobre relaciones desiguales de comercio entre países ricos y países en desarrollo. 


En este marco de desigualdad se debate la producción nacional agraria, industrial y de servicios. Preocupante, sobre todo porque en esos sectores están las fuentes de empleo de los colombianos. Ojalá, los candidatos a la presidencia de la república en el presente debate electoral, asumieran posición sobre un tema que es vital para la nación.


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CARLOS TOBAR / Neiva / Marzo 20, 2018

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