free web creation software

Números en rojo

Carlos Tobar I OPINIÓN
Desde Neiva, Huila (dic., 2018)
Destacados de INFOAGRO COLOMBIA

Ya finalizando el año es la hora de los balances. Todos hacemos un alto en el camino y, aprovechando las festividades de fin de año, sumamos y restamos para ver cuál es el resultado final del año que termina.

Las personas, las empresas, los países, las sociedades miramos en nuestro interior y en una reflexión seria y profunda sacamos conclusiones de lo bueno y lo malo que nos ha sucedido.


Para el caso del capital financiero, el superpoderoso amo y señor de los mercados capitalistas las cosas no han pintado bien. Cuando se revisa el mercado de acciones, el descomunal mercado de valores el año termina con saldo en rojo.


En el mercado norteamericano, por ejemplo, índices como el Dow Jones industrial, o el S&P 500, o el Nasdaq terminan con saldos negativos de -3.72%, -5.36% y -2.64%, respectivamente, mientras el Nyse Composite Index y el S&P/TSX Composite Index acumulan pérdidas por -9.27% y -10.97%. Una pérdida altamente preocupante.


En el caso del mercado europeo las pérdidas acumuladas en el año se presentan así: el Euro Stoxx 50 Pr -15.77%, el FTSE 100 INDEX -11.08%, el DAX INDEX -19.32%, el CAC 40 INDEX -12.30% y el IBEX 35 INDEX -15.07%.


Pérdidas que ya se tornan desesperantes.


Y, en el caso del mercado asiático las pérdidas anuales acumuladas son: el NIKKEI 225 -7.80%, el TOPIX INDEX (TOKYO) -13.92%, el HANSENG INDEX -11.14%, el CSI 300 INDEX -21.50%, el S&P/ASX 200 INDEX -7.94% y el MSCI AC ASIA PACIFIC -12.90%, que igual que en el mercado europeo indican resultados desastrosos.


Los resultados de las bolsas de valores de América Latina, son similares con bolsas como la colombiana, una bolsa pequeña, que acumula pérdidas del -9.39%.


Si traducimos estos resultados a lenguaje común, eso quiere decir que, en lugar de obtener beneficios, que la tasa de ganancia ha sido importante para los inversionistas, el resultado ha sido la destrucción de valor de los capitales invertidos, en porcentajes que alcanzan en algunos casos el 10% o el 15% o, incluso ¡el 20%! una pérdida de la quinta parte del valor del capital.


Ahora, si los mercados de acciones presentan esos resultados, es natural que los grandes capitales financieros migren hacia otros mercados de menor rentabilidad, pero mayor seguridad.


Es el caso de los bonos de renta fija de gobiernos de países económicamente sólidos o con mayor capacidad de enfrentar situaciones de crisis.

Bonos como los del gobierno norteamericano o alemán o, el caso excepcional del gobierno suizo que, gracias a su solidez, logró recomponer su deuda pública con tasas negativas: ¡no solo no le cobran, sino que le pagan para que reciba dineros en préstamo!


Las implicaciones para un país como Colombia, que ha fincado su desarrollo en un modelo neoliberal basado en abrirle las puertas al capital extranjero, no pueden ser peores.


No solo se le encarecerá el crédito, sino que los capitales invertidos en el país van a migrar hacia mercados más seguros. Con ello nos quedaremos sin el pan y con un queso a costos exorbitantes.


¿Habrá quién pueda cuadrar los desajustes fiscales y presupuestales de este país arruinado por las políticas uribo-santistas? 

ARDE PARÍS… Y FRANCIA ENTERA

Por: Carlos Tobar,  Desde Neiva, Huila


Una revolución que sacude todos los estamentos de la sociedad francesa a quienes la gota que rebosó la copa de la paciencia fue el aumento de los impuestos a los combustibles.


Esa la forma que toma, el contenido es la pretensión del gran capital de que los costos de la sociedad los paguen las rentas de trabajo, mientras él, eximido de toda responsabilidad, acumula hasta el abuso las riquezas que se crean.


Que le cobren a la clase media, propietaria de un vehículo que es el mínimo símbolo de su estatus, los costos de la transición energética, es decir, cambiar el consumo de combustibles fósiles por fuentes de energía renovable (eólica, solar, de hidrógeno), cuando la descomunal riqueza de esas industrias la usufructúan los gigantescos monopolios de la energía, es una provocación inaceptable. De ahí la furia que ha estallado con una virulencia no vista en muchos años.


Y, lo que empezó como un reclamo de los “chalecos amarillos”, se ha extendido a sectores sociales, cada vez mayores, excluidos por la globalización del capital financiero parasitario, de toda oportunidad de vida: sus productos se venden a precios irrisorios mientras sus costos crecen sin control, como los productores agropecuarios; o quienes, no obstante, adquirir con mucho esfuerzo niveles educativos más altos, sus remuneraciones se estancan o decrecen mientras les aumentan los impuestos; o aquellos que con mucho esfuerzo crean una empresa pequeña o mediana, se ven agobiados por los impuestos que no pagan las multinacionales, con mercados nacionales competidos, por productos extranjeros, a precios de dumping; o los transportadores que les suben los combustibles y los insumos, con unos fletes congelados o decrecientes.


Y, así, la mayoría de la sociedad francesa.


Si eso pasa en un país desarrollado, de la vieja Europa, pero también lo vive la Gran Bretaña, el viejo imperio descaecido, o en España, o Portugal, o Grecia, o los mismísimos Estados Unidos, donde ya asoman las orejas de una recesión de proporciones cósmicas, o el Japón industrializado que lleva más de una década sin crecer, o en la China poderosa, la segunda potencia económica de la actualidad con dificultades crecientes…, que podremos esperar nosotros, habitantes de uno de los países más pobres de la tierra, una neocolonia donde el capital financiero ha aplicado sus recetas económicas ventajistas que ahogan cualquier posibilidad de progreso que nos sea la ganancia de los grandes monopolios y sus socios internos.


Que la forma política que toman muchos de estos reclamos sea tratar de volver a etapas doradas del capitalismo de un pasado ya lejano, o asuman actitudes xenófobas o de gobiernos de corte dictatorial o de fuerza, son producto de la confusión que el gran capital dominante ha pretendido crear para engañar incautos.


La única verdad, imposible de ocultar y que terminará emergiendo es la necesidad de enfrentar la creciente desigualdad entre los grandes capitales y las fuerzas de trabajo. Los tiempos por venir serán de grandes convulsiones y los que tienen todo por perder son los representantes del viejo orden capitalista.

....................................................................................................................................................................................................

CARLOS TOBAR:

Desde Neiva, Huila (Diciembre de 2018)

¡COMPARTE ESTA PÁGINA!